(E) ¿Por qué Sherlock Holmes es el detective más popular de la literatura universal?

» Se han hecho infinidad de películas, series, dibujos, cómics… El detective creado por Sir Conan Doyle superó todas las expectativas de su propio autor, cuya primera entrega apareció a finales del siglo pasado junto a un almanaque de cocina. Después, bastantes cuentos y un par de novelas después, Doyle resucitó al propio personaje que había matado en las cascadas de Reichenbach por presión popular, de su propia madre – que ejercía una notable influencia sobre el autor, no así su padre con graves problemas de salud- y, sobre todo, por una oferta irrechazable de la revista americana Collier’s que, al cambio, le puso sobre la mesa el equivalente, aproximadamente, a un millón de dólares.


» En los últimos años han aparecido, entre muchas otras propuestas un par de series: una, americana, “Elementary”, y otra de la BBC, con el famoso actor Benedict Cumberbatch, que han acercado más el complejo y apasionante universo de Holmes a los espectadores. Holmes, creado en base a la experiencia de Doyle en la universidad de Edimburgo e inspirado en un profesor de Anatomía Forense, despierta, por lo pronto, gran curiosidad. De inteligencia deductiva prodigiosa, buen espadachín, deportista y aficionado al violín, las interpretaciones histriónicas de Robert Downey Junior en el cine son, en palabra de dos expertos con los que hemos hablado, “bastante distantes” del personaje ideado por el escritor británico.

Respuestas del presidente, Miquel Ojeda, y el secretario, Jaume Gabaldà, del “Círculo Holmes” de Barcelona.


¿Puede decirse que Sherlock Holmes es el detective más conocido de la literatura universal?
M.O.- No porque sea el nuestro pero piense que, dentro de la novela policíaca o detectivesca, Sherlock está en lo más alto y otros personajes pueden moverse más o menos cercanos a él pero ninguno a su altura. Holmes es, por idiosincrasia, “el detective”, “el maestro”.

¿Qué lo hace tan especial para que destaque tanto respecto al resto?
J.G.- Sobre todo, su personalidad. Por encima de su figura como detective destaca su carácter como una especie de caballero andante moderno, que crea sus propias normas. Él mismo es su propia policía, elige sus casos no por su importancia social sino por su interés, el desafío que representan y la estética del juego, independientemente de si lo plantea un duque, un rey o un ama de llaves. Además es todo un caballero, aficionado al teatro, a la música, es un artista del disfraz, es luchador… Es una mezcla de todas las características que luego a nivel individual puedes encontrar en otros personajes. Es también muy respetuoso con las mujeres y es muy sociable.
M.O.- Hablamos del Sherlock Holmes de los relatos, el original, el del canon. El personaje auténtico. Después se han hecho muchas variaciones, tanto a nivel escrito como en la pantalla y que lo han descrito como antipático o tonto o muchas otras cosas. Ahora tenemos estas series en TV que lo actualizan y…

¿Qué les parece, por ejemplo, la americana “Elementary” en la que el personaje de Watson es una mujer?
M.O.- Para mí, a alguien que le guste esa serie tendría que verla como algo distinto, bajo un nombre como “John Smith y su amiga Li Chung”. La de la BBC la cogí con muchas ganas, los primeros capítulos estaban bien pero después ha ido bajando. La serie me ha ido defraudando y quitando las ganas de seguirla. Le he encontrado bastantes pegas a la interpretación que han hecho del personaje.
Para mí, el actor sobre el que hay más consenso como una de las mejores interpretaciones es Jeremy Brett, lo hizo en los años 80 para Granada TV. Entre los ‘holmesianos’, en general, está considerado como el mejor. Hizo un gran Holmes, aunque para mi gusto se pasó un poco llevándolo hasta los extremos. Los cuarenta y pico episodios que se hicieron fueron canónicos. Después de la cuarta temporada Brett enfermó -tenía trastorno bipolar- y acabó la serie con unos episodios muy malos: por la medicación estaba muy gordo, casi no podía moverse, salía sentado, se maquillaba mucho la cara de color blanco y le daba cosas suyas al personaje que éste no tenía. Todo esto al final. Las primeras cuatro temporadas son brutales, están muy bien hechas.
J.G.- Sherlock Holmes ha ido evolucionando. No es el mismo ahora que en los años sesenta o en el cine mudo. Las inquietudes sociales son distintas. Las representaciones artísticas de Holmes están pegadas a las épocas en que se desarrollan. En épocas más conservadoras el Holmes que se hace es más conservador y liberal cuando la época también lo es. Y tiene que entenderse así (…)

¿Les gusta el Sherlock Holmes de Robert Downey Jr. y el Watson de Jude Law?

M.O.: Como Iron-man, sí. Como Sherlock, claramente no. Es incluso demasiado histriónico. Jude Law además da más el perfil como Sherlock. No me desagrada pero no entiendo porque hace un personaje tan huraño, la verdad.  Es lo que pasa en estas últimas versiones que se han hecho, que dibujan a un Watson arisco en su relación con Sherlock, cosa que en los relatos no es así. Por ahí, flojea. En la versión para televisión de la BBC pasa lo mismo entre ellos: cada dos por tres se están partiendo la cara. En los relatos nunca discuten ni se pelean, sino todo lo contrario.

Han dicho que hace un Sherlock Holmes demasiado histriónico pero el personaje, como poco, es peculiar, ¿no? Es soltero, comparte en algún momento de la obra piso, consume drogas…

M.O.: Sí, tiene sus detalles, sus rasgos. En lo que se refiere a las drogas no hay que olvidar que en aquella época se recetaba heroína para los dolores de cabeza. Y la cocaína se tomaba bastante como medicina; además, la disolución que tomaba Holmes era baja. Estamos en un periodo de grandes y medianas guerras y eso hace que se tomaran drogas para mitigar el dolor.

J.G.: Acceder a las medicaciones era más sencillo. El láudano y otros estupefacientes se podían comprar con cierta facilidad a nivel de establecimientos… Conan Doyle era una persona poco tradicional para su época, era un pionero y revolucionario, defensor del sufragio femenino, de causas perdidas… Un autor así sólo podía crear un personaje que fuera, a su vez, revolucionario.

¿Cómo valoran la presencia de la figura femenina en estas obras?

J.G.: En este sentido también es progresista: aparecen muchas mujeres trabajadoras (clientas de Sherlock Holmes) y mujeres muy valientes. Hay un relato, “La cara amarilla”, en que aparece una mujer que ha tenido una hija con un hombre de color. En ese relato esa mujer, que tiene una niña negra, sostiene un discurso muy valiente de defensa de sus sentimientos hacia su hija. Aparecen en los relatos personajes de mujeres equivalentes a la figura de Moriarty en lo que se refiere a liderar organizaciones de tipo criminal. Hay una dama española, Isadora Klein, que es una viuda de un millonario alemán que controla negocios y paga y dirige… Mujeres que son muy dueñas de su destino, en una época donde esto no era habitual. Hay, en este sentido, una gran sensibilidad de Conan Doyle hacia la mujer.

Holmes es un buen deportista…

M.O: Sherlock Holmes es una gran deportista porque Conan Doyle también lo era. Fue quien exportó el esquí alpino al continente europeo, practicaba rugby, jugaba a criquet… Y esto se nota en las descripciones deportivas que aparecen en los relatos.

J.G.: El personaje es un reflejo de lo que era el autor: una persona poco ortodoxa.

Se dice que el personaje está inspirado en un antiguo compañero de universidad…

M.O.: No, no, se inspira en un profesor y Doyle era su ayudante. Se trataba del profesor Joseph Bell, de Anatomía de la Universidad de Edimburgo, donde estudiaba y de donde sale la idea de personaje. En clase hacía deducciones sobre los pacientes: que si era marinero, que si había estado tres años en India… Todo, con el cadáver delante. Ya habían aparecido detectives literarios que hacían deducciones en sus novelas, como el Lupin de Alan Poe… Pero Holmes le da otro carácter que lo encumbra.

Volviendo al tema de la mujer, todo el mundo identifica a Irene Adler como el gran amor de Sherlock Holmes y yo tengo que decir que lo pongo en cuestión, a pesar de que los personajes de Holmes y Watson se refieren a ella como ‘la mujer’, o que la traten con mucho respeto en el relato en el que aparece y en dos o tres más en que se la nombra.  Pero, de ahí a considerarla como su amor eterno, no lo sé. Esto se hace a posteriori y en base a interpretaciones. Interpretaciones que aparecen en relación a este aspecto, como también sobre el consumo de drogas o incluso sobre si es o no homosexual, por su relación con Watson.

J.G.: Alrededor de esta serie de la BBC existe todo un submundo que aborda esta supuesta relación amorosa entre el detective Holmes y el doctor Watson. Si se busca por Internet pueden encontrarse referencias y dibujos de todo tipo sobre este asunto. Igual que para la pareja Angelina Jolie y Brad Pitt se acuñó el término ‘Brangelina”, para Watson y Sherlock se utiliza el de “John Lock”.

¿Se basan estas especulaciones en algo que aparezca en los relatos?

M.O.: No, no, en nada.

Respecto a su gran enemigo, Moriarty…

J.G.: Se supone que es la mayor mente criminal, se le llama “El Napoleón del crimen”. Es profesor de matemáticas y una figura que lidera una especie de ‘El Padrino’, da órdenes pero nadie puede vincularlo…

M.O.: Pero él lo ha dicho muy bien: todo esto se supone, porque Moriarty solo sale en un relato entre los 56 que escribió y las cuatro novelas.

J.G.: Hay que ponerse en la mente del autor: él cuando escribía no pensaba que después, alrededor de esta figura, se crearía todo este mundo posterior. Él escribió durante 40 años gracias al éxito que tuvo, pero a consecuencia de esto se producen en su obra errores o incoherencias que dan pie a interpretaciones como, por ejemplo, que Moriarty podría no haber existido y ser una invención del propio Sherlock.

Doyle resucita al personaje de Sherlock Holmes.

M.O.: Lo hizo por presión de su propia madre y por presión popular, todo el mundo se lo pedía. La madre tuvo una gran influencia sobre Doyle, sobre su carácter a nivel vital. El padre, que era un enfermo mental, prácticamente no aparece citado en ningún momento a lo largo de la trayectoria del autor.

El dinero fue otro de los grandes estímulos. Vino la editorial Collins con mucho dinero y no se pudo resistir. Conan Doyle lo mató cuando quiso, que fue cuando lo tiró por las cataratas de Reichenbach. Entonces había hecho dos novelas y 24 relatos. Y dijo: “Hasta aquí”. Después lo retomó, resucitó al personaje y escribió 32 relatos y dos novelas más. Entre medio, había escrito el relato “El perro de los Baskerville” con Holmes muerto. Es que lo que cobró por la tercera y cuarta novela no tiene nada que ver con las primeras. La primera apareció publicada una Navidad en un almanaque de cocina en 1887.

J.G.: Por aquella primera novela le pagaron 25 libras. Por la tercera y cuarta novela y para que siguiera escribiendo, Collins le pagó, al cambio actual, el equivalente a dos millones de dólares.

AL MARGEN

De entre los actores que han interpretado a Holmes, ¿cuál es el que más les ha gustado?

J.G.: A mí, igual, me gustan los más clásicos: por encima de todos diría que Bassel Radburd y Arthur Wordner, que son actores de los años cuarenta y treinta, respectivamente.

M.O.: Yo, en mi caso, tiro más hacia mi época y me gusta sobre todo Peter Cushin, en la serie de la BBC de los años sesenta. Hizo un Holmes perfecto, sólo con una pega, que era su altura. Él ya era un caballero por sí mismo, conocía la obra y era un ‘holmesiano’ de verdad. Sabía de qué hablaba cuando interpretaba a Holmes. No es que se hubiera leído el canon porque tenía que interpretarlo sino que ya lo conocía de antes. Se notaba que le gustaba mucho el personaje y era un gran actor. Se tomaba los papeles muy en serio. Era un hombre que se convertía en Sherlock Holmes.

¿Y de la obra literaria, con qué relatos o novelas se quedan?

J.G.: A mí me gustan sobre todo los primeros, cuando Conan Doyle no se debe a nada y crea el personaje. Lo lanza al mundo y no hay ningún cliché. Se trata de un Holmes nuevo, joven, fresco. Se nota mucho esa ilusión por el personaje en esos relatos. Todo, muy hilvanado. En esas primeras obras hay mucho Holmes y menos flash-backs o historias paralelas, que en obras posteriores son frecuentes e incluso muy largas, demasiado, hasta el punto que te puedes perder.

M.O.: Esto me pasó a mí la primera vez que leí “El baile del miedo”, su última novela, ya que me quedé un poco diciéndome: “Bueno, ¿ahora qué es lo que pasa?” Es que si en las otras novelas al menos el 50% del libro trata sobre el caso de Holmes, en esa última novela la parte dedicada a la investigación no llega ni a un cuarto del total. Este libro nunca me había gustado porque, sinceramente, me sentía estafado pero luego, años después en un viaje a Madrid en el que charlé con unos amigos, conseguí descubrir muchas otras cosas. Supe valorar las otras historias que se explican en ella, sobre los sindicatos mineros en Estados Unidos, mezclado con espionaje y una historia amorosa. Tiene mucho sobre los disturbios, huelgas, altercados de aquella época. Acabé pensando que era un buen libro.

J.G.: Se nota que Conan Doyle quería dedicarse a la novela histórica y por eso nos cuela mucho de ella en cada una de sus obras: hay como una novela dentro de otra. Excepto en “El perro de Baskerville”, siempre mete temas que él conoce: campañas militares, victorias… Temas de historia, arqueología, lingüística…


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