“La contaminación por plásticos en el Mediterráneo es muy preocupante” (ent. Greenpeace)

En esta entrevista analizamos la situación en el Mar Mediterráneo tras el estudio realizado por la ONG Greenpeace sobre la contaminación por plásticos. Reclaman un esfuerzo no sólo por reciclar sino, sobre todo, por reducir su producción y apostar por nuevos formatos y alternativas, especialmente desde las instituciones y la industria.

Entrevista mantenida con Elvira Jiménez, de Greenpeace (2017).


» En su informe utilizan el término, “sopa de plástico”. ¿Qué significa?
Pues se usa sobre todo, también junto con el término “isla” aunque nosotros preferimos el de “sopa”, para referirse a las zonas donde por efecto de las corrientes se concentra mucha basura marina, que está conformada en un 80% por plásticos. Son zonas muy extensas y de mucha concentración. Hay que imaginarse como trocitos de plástico flotando en columnas de agua, también sobre la superfície y a media profundidad. Hablamos de “sopa” porque se trata de trocitos más bien pequeños.

¿Qué diagnóstico hacen a partir de este estudio realizado en el Mediterráneo?
La situación es mala porque, aunque siempre se ha puesto más el foco sobre esta problemática en zonas tropicales, hemos hecho una revisión sobre toda la literatura científica sobre este tema en el Mar Mediterráneo y hemos observado que hay una densidad de plásticos comparable a aquellas zonas tropicales. Eso quiero decir que, en promedio, hay una pieza de plástico cada cuatro metros cuadrados. Por eso queríamos llamar la atención sobre el Mar Mediterráneo. Aquí, una de las grandes diferencias respecto a otras zonas, es que mucha de la contaminación por plásticos corresponde a microplásticos, a fragmentos muy pequeños. Por eso uno puede ir a la playa y tener la sensación que todo está muy limpio pero no es así. Si uno analiza el agua o la arena se encuentra esos trocitos pequeños.

¿Cuándo dice que son pequeños, a qué tamaños se refiere?
Los microplásticos son menores de cinco milímetros. Los hay más grandes y hasta microscópicos, pero sobre todo los que hay son bastante pequeños.

¿Cómo llegan a ese tamaño? ¿Se deshacen por efecto del tiempo?
Bueno, puede ser por varios motivos. Pueden estar fabricados ya en ese tamaño, como en el caso de los “PL’s”, que son unas bolitas que las hay de muchos colores y que es la materia prima con la que se fabrican muchas cosas. Se funden, queda un líquido que se vierte en un molde que coge la forma de una cuchara, una botella o lo que quieras. Eso se ve mucho en las playas.
Luego hay otros microplásticos que proceden de objetos mayores y que por acción de la luz solar, como se trata de materiales que tardan mucho en degradarse, se van rompiendo en trozos más pequeños. Los típicos tiempos de descomposición que nos cuentan y que en el caso de una cucharilla de plástico corresponde a unos 400 años, siempre están calculados en unas condiciones ideales de exposición a la luz, de temperatura, de exposición al oxígeno… En el caso del mar esos tiempos normalmente se alargan porque hay más oscuridad, menos exposición al oxígeno…

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Elvira Jiménez, en el Rainbow Warrior, a su paso por Barcelona en junio de 2017.

Dicen en su informe que ya no es suficiente con reciclar sino que hay que dejar de fabricar utilizando el plástico como material.
Sí. Si pensamos el tiempo que lleva el plástico en nuestras vidas, y sobre todo los objetos de un solo uso como los envases (el 40% de los plásticos corresponde a envases), vemos que su producción se ha disparado en los últimos 30 años. Su impacto ambiental es enorme, teniendo en cuenta ese poco tiempo. Hay otros materiales como el metal o el cristal que llevan mucho más tiempo con nosotros y sus consecuencias no son comparables.

El plástico ha llegado y ha invadido nuestros hogares y luego el medioambiente. Y se está viendo que los sistemas de gestión de residuos no acaban de funcionar del todo, no pueden acaparar todos los residuos que se están produciendo. Prueba de ello es que sólo el 30% del plástico se recicla en España. El 50% va al vertedero y el resto se acaba incinerando. Y eso sin tener en cuenta lo que se abandona en el medioambiente y que es uno de los grandes problemas. El problema tiene tales dimensiones que sólo con el reciclaje no es suficiente.

Reciclar más…

No decimos que no haya que reciclar, que por supuesto que hay que hacerlo, pero que para resolver esta situación hay que ir hacia pasos anteriores.
La gestión de residuos tiene una jerarquía, se conoce como las “erres” (que empieza por reducir, sigue por reutilizar y acaba por reciclar) y hasta ahora se ha estado poniendo todo el foco, a nivel político y empresarial, en el reciclaje. Y no en las primeras fases y, claro, el problema que tenemos es tan grande que no podemos seguir así. Lo que hay que hacer verdaderamente es cerrar la producción de plásticos, hay que cerrar el grifo porque – a modo de metáfora- se nos ha desbordado la bañera y no nos podemos limitar solo a pasar el trapo.
Para ello hay que promover alternativas y algunas tampoco son muy innovadoras. Se está hablando en muchas regiones, y entre ellas aquí en Catalunya, de volver a los sistemas de devolución de envases. Hay cosas que ya se están haciendo en otros países y se ha demostrado que funcionan muy bien. Con las bolsas de plástico, por ejemplo, gracias a que se han tomado muchas medidas, es uno de los problemas que están más controlados pero no así con los envases. Lo que pedimos es que tanto las empresas que producen como las políticas que gestionan esa producción vayan encaminadas a esa reducción y que promuevan alternativas e innovaciones que nos permitan tener productos que en poco tiempo no se conviertan en residuos. (…)

Si nos pusiéramos en el peor de los escenarios y se siguiera con las mismas pautas de consumo y fabricación de plásticos, cuál podría ser la situación en el Mar Mediterráneo a corto plazo?
Pues la situación empezaría a ser bastante grave si no se empiezan a adoptar medidas importantes para conseguir esa reducción. Es que, además, estos microplásticos que pueden parecer de entrada más inofensivos, en realidad pueden impactar en un mayor rango de especies. Si tienes una botella o una bolsa flotando en el agua o algo más grande, pues se lo puede comer una tortuga, un ave marina o peces de cierto tamaño pero cuando se trata de plásticos pequeños, los puede ingerir un plancton, un molusco… Y a partir de ahí se van acumulando en la cadena alimentaria. De hecho ya hay estudios sobre el plástico que están investigando su presencia en la fauna marina, y en muchos casos en especies comerciales. Y se ha visto – porque se trata de estudios que se están realizando por todo el mundo- que más de 130 especies comerciales ya están ingiriendo plásticos. Y eso también puede llegar hasta nosotros. Así que el problema está cogiendo unas dimensiones que ya no es solo por cuestiones medioambientales sino también de potencial riesgo de ingestión y sus posibles efectos.
Otra de las vertientes que implica son los costes económicos que comporta tener las playas y las costas limpias, las pérdidas que esta contaminación puede tener sobre el turismo y que también se está empezando a estudiar, o el impacto sobre el sector pesquero. Es una cuestión que va más allá de lo puramente medioambiental y, si no se toman medidas, todo esto se va agravar.

¿A nivel medioambiental, cuáles son los efectos de estos plásticos?
Hay distintos tipos de impactos. Los animales se pueden enganchar o asfixiar con el plástico, los pueden ingerir; en el caso de redes o hilos, pueden erosionar y destruir fondos rocosos o corales como los que hay en el Mediterráneo, que son de aguas frías.
Cuando los animales los ingieren, les obstruyen todo el sistema digestivo, eso hace que coman menos y eso les afecta a nivel energético y reproductivo. Y al final incluso les puede provocar la muerte. Se han visto muchas imágenes de ballenas o de aves que se han encontrado muertas con el estómago lleno de distintos tipos de productos plásticos.
Y luego además es que los plásticos llevan tóxicos, aditivos que se les añaden en los procesos de producción para darles determinadas funciones o cualidades como por ejemplo para que sean ignífugos, que no sean inflamables. Todos esos tóxicos tienen unos efectos sobre las especies que los ingieren pero también, en la cadena alimentaria, pueden llegar hasta nosotros, como el bisfenol, los talatos… que son disruptores hormonales, sustancias cancerígenas. Se están haciendo muchos estudios y ya se ha visto que más de 1.300 especies sufren los efectos de la basura marina. En el 92% de los casos, por plásticos. Y luego aquí, en el Mediterráneo, especies tan icónicas como la Tortuga Boba están reflejando en más de un 90% de los casos estudiados el impacto por plásticos. En la Foca Monje también se están observando estos efectos.

Collecting Plastic Debris in the Ocean

En los casos de estas especies, ¿qué consecuencias tienen?
Pues en el caso de la Tortuga Boba, que además está incluida en la lista roja de la UICN (Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza) como especie vulnerable, o de la Foca Monje, los plásticos están causando estragos entre sus poblaciones causando la muerte de individuos. Por ejemplo, por uno de los espacios por los que hemos pasado con el barco – que se va a declarar en el futuro próximo como corredor de cetáceos (entre la zona de costa que hay entre la Comunidad Valenciana, Catalunya y Baleares) y que va a beneficiar a especies como el rorcual- también se está observando que esta última especie está sufriendo el impacto de los microplásticos que hay en el agua y que les afecta como especie filtradora (abren la boca y comen plancton).

¿Su estudio se centra en zonas concretas del Mediterráneo o sobre todo el conjunto?
Lo que hemos hecho es analizar toda la literatura científica existente y hemos observado que donde más basura marina hay es en la costa norte del Mediterráneo. También es cierto que de la parte más oriental o sur hay menos datos. Además, lo que hemos hecho es colaborar junto con un científico del CSIC de Blanes que nos ha acompañado en el barco y que tiene una línea abierta de investigación precisamente sobre el impacto de los plásticos en el mar. Hemos estado recogiendo muestras de superficie para añadir a su investigación en el trayecto que va desde Valencia a Mallorca y desde allí a Barcelona. Esta zona es especialmente interesante, porque pese a que las corrientes son muy variables, se han observado áreas de concentración de basura marina y además es una zona de mucho paso de cetáceos.

¿Hay algunas zonas en el Mediterráneo que estén peor que otras?
Es que el Mediterráneo tiene dinámicas de corrientes muy variables y es más difícil encontrar zonas de acumulación, como se dan en otros sitios. Lo que se ha visto es que hay zonas de mayor concentración en el Adriático, en la punta de Italia, alrededor de Sicilia, en el norte de Baleares, en los cañones de Catalunya de Cap de Creus y Blanes y en algunas zonas de las islas griegas del Mar Jónico.


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