(E) Pavellón Mies van der Rohe

Mies van der Rohe es una figura clave para entender la arquitectura moderna y sus efectos sobre la actual. El genio alemán, vinculado en los inicios de su carrera a la Bauhaus, vio truncada su proyección por el régimen nazi, que no se fiaba de él, y emigró a Chicago donde desarrolló buena parte de su carrera. Allí hizo realidad alguno de sus sueños, como la construcción de un rascacielos.

Hablamos con Ivan Blasi, coordinador del Premio UE Mies van der Rohe, tras cumplirse treinta años de la reconstrucción de uno de los espacios más significativos de la arquitectura moderna de la primera mitad del siglo XX: el pabellón alemán erigido para la Exposición Internacional de 1929 por Van der Rohe.

Ya han celebrado más de 30 años desde la apertura de la reconstrucción de este pabellón, icono del diseño moderno erigido con motivo de la Exposición Universal de 1929 en Barcelona.
Sí, aunque el debate sobre su reconstrucción viene de antes. Y la apertura no estuvo exenta tampoco de polémica al no tratarse de un edificio original. Se situó exactamente donde estaba el pabellón inicial, se estudiaron mucho los materiales a utilizar, su diseño y se adaptó a su nueva finalidad, al tratarse de un edificio que – a diferencia del primero- no era de carácter efímero. Esto también llevó a la creación de una fundación, que enmarcara esta iniciativa y profundiza en lo que representó el movimiento moderno y todo lo sucedido durante el siglo XX. Pero no sólo se queda ahí, sinó que también sirve de plataforma para el estudio de la arquitectura contemporánea y las ciudades europeas en el contexto actual. En esta línea se sitúa el Premio Mies Van der Rohe (creado en 1988), en colaboración con la Unión Europea, que busca esta implicación y marcos de investigación.

¿Qué valoración hacen de este periodo?
Pues se han conseguido cosas importantes y buena prueba de ello es el reconocimiento de instituciones exteriores como el MoMA de Nueva York u otras alemanas con las que compartimos proyectos. Al final, observamos como desde muchos puntos -incluso desde China-, tienen curiosidad por saber cómo funciona esta Fundación, que no sólo se queda en una institución sobre arquitectura sinó que también trabajamos para entender los problemas actuales, conocer lo que ha ocurrido y ponerlo en debate tanto a nivel interno como con organizaciones con las que colaboramos. Así que el balance, hasta el momento, es positivo, sabedores que siempre se pueden hacer más cosas y que estamos entusiasmados por tratar de seguir desarrollándolas.

¿Qué representó en aquel momento, en 1929, la construcción de este pabellón?
Barcelona ya quería erigir en esta parte de Barcelona una construcción de estas características veinte años antes, en 1909, y la razón fue la buena aceptación de la primera Exposición Universal organizada en la ciudad en 1888 en la zona de la Ciutadella. El hecho de poder realizar un proyecto que transforme una parte de la ciudad y que, pasada la exposición, sea reaprovechable para la propia urbe, gustó y de ahí que se buscara la organización en aquel momento. La Primera Guerra Mundial, la dictadura de Primo de Rivera y otras situaciones retrasaron estos proyectos, que buscaban revitalizar esta zona de Montjuic, algo abandonada como otras partes de Barcelona, en pos del Eixample. Los arquitectos que en aquella época teníamos aquí eran modernistas, como Puig i Cadafalch, Domènech i Muntaner o el propio Gaudí. En 1909 se levanta en esta zona el edificio donde hoy se encuentra el Caixafórum.

Hay que viajar en el tiempo y darse cuenta que por entonces exposiciones como aquella servían para que cada uno de los países mostraran sus avances a nivel tecnológico, productivo, etc. Alemania era en aquella época potente a nivel energético, y especialmente en producción eléctrica. Mies Van der Rohe fue uno de los arquitectos elegidos para diseñar el pabellón de la República de Weimar. Antes ya había construido algunas casas y espacios interiores, pero aquello suponía una buena oportunidad de trasladar del papel a la realidad un pabellón de representación nacional. En él plasmó sus ideas, que contrastaron mucho con lo que podría entenderse como la decadencia del modernismo. Se estaba produciendo un cambio de paradigma a nivel social, político y económico. De hecho, aquel año de 1929, se produjo el “Crack” de la bolsa en Estados Unidos y a la República de Weimar tampoco le quedaba demasiado tiempo por delante.

Todo esto cuaja en la arquitectura moderna y el movimiento moderno, que supone un cambio importante con efectos evidentes sobre la forma cómo vivimos. La construcción de las ciudades y las ampliaciones de las mismas tras la Segunda Guerra Mundial, en lo que se refiere a bloques de viviendas y diseño de espacios públicos, ejemplifica las transformaciones sociales que se están produciendo.

En 1930 se derriba este pabellón como el resto y es en los ochenta que se decide recuperarlo. ¿Por qué?
Antes de 1956 algunos arquitectos habían dibujado cómo era más o menos aquel pabellón, pero es en ese año cuando Lluis Bohigas le escribe una carta a Mies Van der Rohe pidiéndole su opinión sobre la reconstrucción. Había sido justamente una obra muy representativa del Movimiento Moderno –incluso, una de las más destacadas del periodo anterior a la Segunda Guerra Mundial- pero del que no había quedado legado. Aquí había impedimentos como la propia Dictadura o el hecho que, dentro del mundo de la arquitectura, Le Corbusier tuviera más adeptos. Van der Rohe acepta encargarse de la reconstrucción, pero no hay dinero y muere en 1969. Y el proyecto no comienza hasta los ochenta (1983), que tira hacia adelante.

De forma muy sencilla, podemos resumir este pabellón como una construcción levantada sobre ocho pilares que aguantan una losa (cubierta) y una serie de paredes de vidrio y mármol que te guían por un espacio y, a la vez, lo dividen en distintas zonas. Una de ellas es la más noble, más ancha, con piedra de óbice dorado, vidrios de distinto color, alfombra negra y cortina roja (simbolizan la bandera alemana), que se diferencia de la zona de acceso, la parte más próxima a la escalera o la que queda más en contacto con el agua. Aquí lo que hace Van der Rohe es experimentar. Los muros, por ejemplo, son huecos. No aguantan el peso de la cubierta, que se sustenta sobre los ocho pilares y, por lo tanto, se trata de unos muros que no son estructurales. En muchas cosas recuerda la arquitectura clásica, vuelve a las raíces después del Arte Nouveau o el Modernismo. Tiene muy en cuenta la ubicación. Él creía que entre la Fuente Mágica y el Pueblo Español era el sitio ideal para que la gente pasara, circulara, viera y se diera cuenta que aquí estaba pasando alguna cosa.

¿Cuál es la función de cada uno de los espacios en este pabellón?
Este pabellón tenía que ser de representación, porque los materiales se exhibían en otros puntos. Su función fundamental era de representatividad, ya que por ejemplo y según el protocolo en un momento dado en estas sillas tenía que producirse el encuentro entre el rey de España y los respectivos embajadores. El diseño estaba planteado de manera que desde fuera, desde la Fuente, no pudieras ver todo el espacio, que quedaba dividido por ocho columnas –originalmente, jónicas- y tuvieras que entrar para ver y entender correctamente el pabellón: fijarte dónde estaba cada cosa e ir realizando todo el recorrido.

El diseño de las sillas que antes comentaba tuvo tanto éxito que se han seguido imitando hasta la actualidad.
Sí, lo que hizo fue primero buscar diseños para los tronos del rey y la reina, pero no encontró nada que le gustara. Y de ahí que diseñara las sillas que después se conocieron como “Barcelona”. Estaban pensadas sólo para esta sala (noble). Su idea fue inicialmente que fueran fáciles de producir en serie, soldar y que fueran relativamente económicas. Rápidamente, no obstante, se ve que esto no será posible con la silla “Barcelona”, por su complejidad en los materiales, detalles y proceso de fabricación.

Sobre el propio personaje, Mies van der Rohe, ¿cuál fue su gran aportación a la arquitectura?
Acercó la Bauhaus mucho más hacia un interés arquitectónico. Le da un peso específico relevante y se la lleva a Berlín, donde bajo el régimen nazi se tiene que clausurar. Entonces emigra hacia Estados Unidos.
Mies van der Rohe recupera ideas clásicas como dar importancia al sitio, a las proporciones y a los materiales, que después tiene la posibilidad de poner en práctica en América en la construcción de rascacielos. En ellos, por ejemplo, se observa alguno de los planteamientos que también vemos en este pabellón, como es una estructura a partir de pilares, una cubierta, una losa y apilándolos poder construir en altura, con planta libre. Este es el modelo que siguió en la Torre Seagram y que bien puede servir para oficinas o viviendas.
Así, a partir de una sencillez de recursos pero también a su vez una gran variedad y exquisitez en el uso de los materiales, le da una gran riqueza a su arquitectura, que muchas veces ha sido copiada y reinterpretada. Y que es la que nos ha llevado a tener las ciudades que hoy en día tenemos, seguramente no sólo a nivel de Europa o América sino también en todo el mundo. La incorporación de los avances tecnológicos al mundo de la arquitectura es otra de sus aportaciones, que ya hizo él en vida y que se ha seguido desde entonces.
El Premio que nosotros convocamos se basa precisamente en esta idea relativamente sencilla, que no se fija tanto en un lenguaje sino más bien en una forma de hacer, que intenta a partir de la investigación ofrecer calidad y aplicarla a la ciudad, a la gente, a sus ciudadanos, haciendo uso de la tecnología para mejorar su rendimiento.

¿Cómo es la vida de este arquitecto una vez, a comienzos de los años treinta, se ve obligado a emigrar?
Antes, en Alemania había hecho un monumento a Rosa de Luxemburgo, que es derribado muy al comienzo por los nazis. Y cae la República de Weimar pero, aún en ese contexto, y una vez el partido nazi gana las elecciones, Van der Rohe sigue intentando construir para el gobierno. Por ejemplo, presenta una propuesta para construir el pabellón alemán en la Exposición Internacional de Bruselas, que finalmente no se construye, pero en el que en uno de los bocetos vemos como está la bandera nazi. Podemos decir que intenta seguir trabajando, pero ellos desconfían y se le descarta como posible arquitecto del régimen. Albert Speer será el elegido y el encargado de diseñar el nuevo Berlín y de encarnar sus ideales arquitectónicos.

¿Cuáles son las razones, entonces por las que finalmente emigra?
Por dos razones, sobre todo. Por un lado porque en Estados Unidos tiene la posibilidad de labrarse una carrera profesional; y por otro, porque al cerrarse la Bauhaus y al constatar la ideología e inclinaciones del nuevo régimen, no las comparte y ve que poco tiene que hacer.
Allí, en Chicago, donde se instala, desde el comienzo se le presentan buenas oportunidades para construir. Hace la Casa Farnsworth; se convierte en decano de la ITI (Instituto de Tecnología de Illinois; Chicago), diseña y construye todo el campus de la universidad. En Nueva York levanta la torre Seagram o en Chicago, las dos torres Lake Shore Drive Apartments, de viviendas, haciendo realidad uno de sus grandes sueños como era levantar edificios en altura.
En la Torre Seagram, introduce un elemento nuevo como es a través del edificio ofrecer a la ciudad un espacio público. La Torre no llega justo hasta las calles sino que hay una plataforma, en la planta baja que es de uso público para la gente. De este modo, el cliente privado, a través de su proyecto, aporta un espacio nuevo a la ciudad. Es algo relativamente nuevo y que trae de Europa, de la concepción compartida y de disfrute de plazas y calles.

Se le asocia mucho con una expresión que ha hecho fortuna como es: “Menos es más”.
Sí, la frase es anterior a Mies van der Rohe, es de un filósofo y él la utiliza en una conferencia. Se le atribuye en parte a él y tiene cierta lógica, ya que a partir de una serie de restricciones en el uso de recursos consigue articular una serie de espacios que son muy atractivos y agradables. Eso sí, después vamos viendo -como en este mismo pabellón- como a partir de una aparente sencillez, el planteamiento incorpora muchos más elementos y matices de los que uno pudiera observar a primera vista. Aquí utiliza más de cinco materiales distintos, juega con las geometrías de las paredes que se relacionan entre sí, apuesta por el agua y elementos vegetales en la parte exterior con unos efectos muy concretos, el uso de las cortinas para crear a partir del rojo y los otros colores la bandera alemana… Así que el “less is more” esconde infinidad de detalles sutiles.

Trasladándonos a un marco más amplio, ¿cómo definiría el Movimiento Moderno?
Yo lo definiría sobre todo como un cambio. Un cambio que incorpora las transformaciones sociales que se vienen produciendo en aquella época y que tiene que adaptar al discurso arquitectónico, para establecer cierta coherencia entre los planteamientos seguidos en espacios públicos, comerciales e industriales y las viviendas donde residen los ciudadanos. La idea es dejar de mirar lo que a nivel histórico se había venido haciendo para, casi empezando de cero, ofrecer a las personas espacios dignos donde vivir y relacionarse.

Se intenta romper con muchas de las tendencias pasadas, barrocas, neoclásicas o modernistas, aunque también es cierto que a posteriori todo esto se ha malinterpretado. Se buscaba disminuir costes pero no reduciendo calidades en el uso de los materiales ni apostando por planteamientos simplistas, como en ocasiones se ha hecho. En este sentido ha faltado autocrítica en el abuso realizado por gobiernos, constructoras y arquitectos. En cualquier caso, la idea central de aquel movimiento era entender el momento y lo que podía ser necesario para la gente que vivía por entonces. Y como esto cambiará después con una guerra mundial por en medio con la construcción, después, de edificios de viviendas de alta calidad pero que en ocasiones fallaban en la concepción de los espacios públicos.

El movimiento moderno se caracteriza por experimentar mucho y por ir asociado a un periodo social concreto, que las generaciones posteriores tienen que ser capaces de derribar si es necesario o adaptar a los nuevos cambios que se van produciendo. //

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