“La guerra escapa a toda lógica” (ent. Boban Minic, periodista de Radio Sarajevo).

La Guerra de los Balcanes acabó a mediados de los años noventa pero, dicen los expertos, su final fue -en parte- en falso. Desde entonces la situación aparentemente normalizada, en el fondo puede que esconda una realidad social bastante más compleja. En Bosnia, donde la guerra fue particularmente dura, la situación podría ser especialmente compleja.

A continuación reproducimos la entrevista que mantuvimos con el periodista de Radio Sarajevo, afincado en Catalunya, Boban Minic, para el  ‘Especial’ que hicimos sobre la capital bosnia.


En un artículo hablaba de la guerra de los Balcanes mediante expresiones como: “Eso escapaba a cualquier lógica”. ¿A qué se refería?
En ese texto, editado justo el día del vigésimo aniversario de la masacre de Srebreniça, me refería a lo ocurrido en ese pueblo bosnio. En el manuscrito de mi nuevo libro tengo un capítulo sobre ese crimen que convirtió esa pequeña ciudad en el símbolo de la guerra de Bosnia. Para escribirlo tuve que leer documentos, testimonios, opiniones y análisis. Así, al final, encontré las respuestas a (casi) todas las preguntas, excepto a una: ¿por qué?


Se escapa a la lógica que después de entrar en la zona protegida, separar a los niños y a las mujeres, empezaran a matar sistemáticamente a todos los hombres. No encuentro ni sentido ni lógica – militar, estratégica o política – para tal decisión. Podían intercambiar los prisioneros, incluso chantajear a los bosnios y a la comunidad internacional. Pero, los mataron. ¿Se trataba de una locura, de la maldad en estado puro o de la intención de, una vez por todas, “limpiar” el territorio, establecer nuevas fronteras e imposibilitar la vida común para siempre? Mi lógica no es capaz de entenderlo ni asumirlo.
Pero, la guerra en general se escapa a toda lógica.

¿Sirvió para algo?

Después de tantas barbaridades, de tanta sangre, sufrimiento y destrucción en el nombre de los “intereses nacionales supremos”, la gente en toda la región vive peor que antes. Incluidos, Eslovenia y Croacia: países a los que pensábamos que les “había tocado la lotería” entrando en la UE. Según todos los parámetros, ellos también viven por debajo del nivel que tenían en la ex-Yugoslavia.
Y también, fuera de cualquier lógica, vemos como el nacionalismo beligerante y fundamentalista de nuevo crece en Serbia y Croacia – los países “étnicamente limpios”, o sea mononacionales -.

Imagen tomada en un parque de Sarajevo más de una década después del final de la guerra / Ignasi Robleda

¿Cómo se comprende o intenta todo lo sucedido allí durante el conflicto?
Como una manipulación y un engaño a la gente normal. Mandaban los intereses tanto dentro de la región como a nivel europeo y mundial. Hay que regresar al año 1989: la caída del Muro de Berlín no representaba sólo la derrota de la Unión Soviética sino el derrumbamiento de una ideología que en los países del Este fue como una religión. En el caso de la ex-Yugoslavia esta ideología mantenía unidos pueblos con diferentes religiones, culturas… hasta las lenguas. Derrumbar el comunismo (aunque en Yugoslavia era muy suave) sin ofrecer a los pueblos una salida y ayudas en su transición democrática podía (y lo hizo) provocar el caos.


Parece que fuera y dentro del país hubo fuerzas interesadas en destruir Yugoslavia. En el caos y las aguas turbulentas siempre aparecen todo tipo de criminales y manipuladores, psicópatas y paranoicos. Pero esa fue la ‘solución’ que ofrecieron los nacionalistas y los clérigos de todos los pueblos. Empezó la manipulación y la propaganda bélica se instaló. Y se alimentó el miedo hacia los ‘otros’; hasta ayer vecinos, colegas y amigos. Cuando los líderes empezaron a materializar sus planes, la gente ya había sido suficientemente intoxicada y preparada para luchar e, incluso, para cometer barbaridades. Prevalecía el mencionado ‘interés nacional’, lo que quería decir que “el objetivo justificaba los medios”. Por eso tanta crueldad, la limpieza étnica y los crímenes hasta llegar al genocidio.

Sobre el papel de la comunidad internacional, ¿ha encontrado alguna respuesta al por qué de su actuación?
Desde el primer día fui muy crítico sobre el papel de la comunidad internacional, antes y durante la guerra. Actuaron tarde y mal. Ya he dicho algo sobre el abandono de los países socialistas y comunistas, después de la caída del Muro de Berlín. Después de la muerte del mariscal Tito, con tantos pueblos, lenguas y religiones y con la crisis identitaria, la situación en la ex-Yugoslavia era explosiva.
La crisis económica agravó la frustración. Los líderes occidentales lo sabían, pero, igualmente, no tomaron medidas. En el peor periodo de su historia (un año antes de la guerra) la deuda externa del país no llegaba a los 14.000 millones de dólares. Quiere decir que el precio que podría haber cambiado el curso de la crisis política y, quizás, impedir o frenar la devastadora guerra en Yugoslavia, fue el equivalente al del rescate de un pequeño banco en la crisis española. ¿Por qué el mundo no quiso intervenir antes del estallido de la violencia? ¿Por qué las fuerzas internacionales no tenían el mandato de intervenir y prevenir las masacres? ¿Por qué se impuso el embargo de armas al lado más débil? ¿Por qué se forzó el Tratado de Dayton cuando el ejército bosnio había empezado a preparar la ofensiva para liberar el país?

Vaya…
Últimamente se desvelan algunos secretos y salen a la luz testimonios que aseguran que los líderes occidentales no quisieron apagar la crisis porque Yugoslavia, socialista y relativamente próspera, no les interesaba sino todo lo contrario: preferían atomizar el país y, de este modo, controlar los estados que nacieran de sus cenizas (un escenario deseado por los neoliberales de Europa y de Estados Unidos). En Bosnia, los dichos documentos y testimonios también desvelan el miedo a que un “país unido, de mayoría de ciudadanos musulmanes, pudiera convertirse en un país islámico y fundamentalista” (como dijo el mismo Bill Clinton en una entrevista). El Tratado de Dayton y la constitución impuesta a Bosnia, lo confirman.
Con la conferencia y el Tratado de Dayton, los occidentales acabaron la guerra pero, al mismo tiempo, muchos piensan que, expresamente, dividieron el país e hicieron de Bosnia un estado ingobernable, insostenible y sentenciado a su desaparición.

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Una década después todavía eran visibles los impactos de bala en los balcones de muchas casas de Sarajevo / Ignasi Robleda

¿Cuál fue su experiencia de la guerra como periodista de Radio Sarajevo?
No es fácil responder en unas palabras a esta pregunta. Escribí un libro sobre ello y en 240 páginas no pude expresar todo lo vivido y sentido durante la guerra y el asedio de Sarajevo. Fue una experiencia traumática. No se trataba sólo de vivir en peligro constante y de ser cada día el objetivo de los francotiradores, morteros, tanques o cañones; o de criar a los niños sin poder ofrecerles un mínimo de seguridad, comida o medicamentos. Se trataba, también, de impotencia o rabia al ver que la gente ‘efímera’, sin ningún valor humano o intelectual (porque en las guerras triunfan los violentos, las personas sin escrúpulos o los demagogos), se convierten en los amos tu vida, deciden tu futuro… En 1993, uno de ellos estaba a punto de destrozar por completo mi vida y la vida de mi familia. Era una sensación frustrante.

Desde la radio…
Trabajar en la radio lo complicaba todo. Físicamente fue muy duro: llegar al enorme edificio de la RTV por las calles bombardeadas; trabajar sin luz, sin aire, sin calefacción, sin agua ni comida; con guardias de hasta 40 horas seguidas; la imposibilidad de comprobar las noticias; la presión de los paramilitares, etc. provocaban dificultades y despertaban dudas. A menudo, entre amigos, nos preguntábamos cuál era nuestro verdadero papel en la radio. Pero saber que para la gente escondida en los refugios y sótanos éramos la única posibilidad de recibir alguna noticia del mundo exterior (o, como solíamos decir “abrir la ventana”). O, en la incomunicación total, ofrecer alguna noticia sobre los familiares del “otro lado” o exiliados a lo largo del planeta, nos daba el ánimo para continuar.
Alguien dijo que, debido a aquellas circunstancias, la radio en la guerra de Bosnia vivió momentos estelares y que nunca en toda la Historia una radio tuvo tanta importancia para los oyentes. Si fue así, me enorgullece haber participado de ello y haber sido testigo directo de aquellos momentos históricos.

¿Es por todo esto que afirmó en una entrevista que “volver a Sarajevo es cada vez una alegría y una pesadilla”?

Por eso y por muchas cosas más. Siempre estoy feliz de volver. Sarajevo no es sólo mi ciudad natal, es también el escenario de los momentos más bonitos de mi vida. Yo siempre he estado enamorado de esa ciudad. La conocía mejor que nadie de mis amigos. A menudo subía las colinas para verla desde otra persComo

una manipulación y un engaño a la gente normal. Mandaban los intereses tanto dentro de la región como a nivel europeo y mundial. Hay que regresar al año 89: la caída del Muro de Berlín no representaba sólo la derrota de la Unión Soviética sino el derrumbamiento de una ideología que en los países del Este fue como una religión. En el caso de la ex Yugoslavia esta ideología mantenía unidos pueblos con diferentes religiones, culturas… hasta las lenguas. Derrumbar el comunismo (aunque en Yugoslavia era muy suave) sin ofrecer a los pueblos una salida y ayudas en su transición democrática podía (y lo hizo) provocar el caos.

Parece que fuera y dentro del país hubo fuerzas interesadas en destruir Yugoslavia. En el caos y las aguas turbulentas siempre aparecen todo tipo de criminales y manipuladores, psicópatas y paranoicos. Pero esa fue la ‘solución’ que ofrecieron los nacionalistas y los clérigos de todos los pueblos. Empezó la manipulación y la propaganda bélica se instaló. Y se alimentó el miedo hacia los ‘otros’, hasta ayer vecinos, colegas y amigos.

Cuando los líderes empezaron a materializar sus planes, la gente ya había sido suficientemente intoxicada y preparada para luchar e, incluso, para cometer barbaridades. Prevalecía el mencionado ‘interés nacional’, lo que quería decir que “el objetivo justificaba los medios”. Por eso tanta crueldad, la limpieza étnica y los crímenes hasta llegar al genocidio.

Sobre el papel de la comunidad internacional, ¿ha encontrado alguna respuesta al por qué de su actuación?

Desde el primer día fui muy crítico sobre el papel de la comunidad internacional, antes y durante la guerra. Actuaron tarde y mal. Ya he dicho algo sobre el abandono de los países socialistas y comunistas, después de la caída del Muro de Berlín. Después de la muerte del mariscal Tito, con tantos pueblos, lenguas y religiones y con la crisis identitaria, la situación en la ex Yugoslavia era explosiva.

La crisis económica agravó la frustración. Los líderes occidentales lo sabían, pero, igualmente, no tomaron medidas. En el peor periodo de su historia (un año antes de la guerra) la deuda externa del país no llegaba a los 14.000 millones de dólares. Quiero decir que el precio que podría haber cambiado el curso de la crisis política y, quizás, impedir o frenar la devastadora guerra en Yugoslavia, fue el equivalente al del rescate de un pequeño banco en la crisis española. ¿Por qué el mundo no quiso intervenir antes del estallido de la violencia? ¿Por qué las fuerzas internacionales no tenían el mandato de intervenir y prevenir las masacres? ¿Por qué se impuso el embargo de armas al lado más débil? ¿Por qué se forzó el Tratado de Dayton cuando el ejército bosnio había empezado a preparar la ofensiva para liberar el país?

Participó precisamente del rodaje de un documental sobre todo aquello: “Good night Sarajevo”. ¿Cómo vivió esa experiencia?

Fue algo inesperado. La primera edición de mi libro se agotó y sopesaba aventurarme en una segunda parte (aunque, más bien, no estaba por la labor) cuando me contactaron unos chicos desconocidos de Madrid. Uno de ellos, el joven periodista Edu Marín, leyó el libro y se emocionó. Con dos amigos, Olivier Algora y Davide Giorni, decidieron viajar a Sarajevo y, con mi libro en las manos, visitar los lugares y buscar a sus protagonistas. Así fue. Después me visitaron en L’Ecala y entonces decidimos que me acompañaran al entierro de mi madre, que murió precisamente durante esos días y que antes de morir me había pedido que la enterrásemos en Sarajevo.

Rodamos durante unos 10 días por las calles de la ciudad, en la Radio, en mi escuela o en el famoso túnel que pasaba por debajo de la pista de aterrizaje del aeropuerto. La película se estrenó en L’Escala, donde, precisamente, había empezado la historia de la película. Y también participó en el Festival de cine de Sarajevo, el lugar donde habían ocurrido las historias. Después ha viajado por todo el mundo, proyectándose en unos 40 festivales: desde Sudamérica hasta España pasando por el resto de Europa, pero también en países árabes o en un festival de la lejana Etiopía. La conocida cadena Al Jazeera está interesada y la película, si todo acaba bien, pronto podría estrenarse en todo el mundo.

La experiencia del rodaje fue agradable pero, para un periodista de radio como yo, que no está acostumbrado a las cámaras o a las repeticiones, fue un poco cansino. La experiencia en algunos festivales donde me invitaron fue magnífica. En todo caso, es una buena manera de acabar mi carrera que, intuyo, se va acercando a su fin.

Su libro “Bienvenido a Sarajevo, hermano” (Editorial Icaria), se describe como un “relato de experiencias”. ¿Destacaría alguna en particular por encima del resto?

Son demasiadas para destacar una por encima de la otra. La más impactante, sin duda, fue la visita al depósito de cadáveres del hospital de Sarajevo, después de la masacre del Mercado. Buscando a mi hermana, en la oscuridad del depósito (ellos tampoco tenían luz), tuve que acercarme a cada uno de los 68 cadáveres. Mi hermana yacía al final, en la última fila. También impactante fue encontrar la bala de un francotirador en la cama de nuestro bebé, nuestro hijo pequeño nacido durante la guerra. O, escuchar los aullidos de los animales hambrientos y moribundos del zoo de Sarajevo, ubicado en la primera línea de fuego y, por ello, abandonados por sus cuidadores. O, un monólogo de un oyente de mi programa que, en antena y en directo, se despedía de mí y del mundo porque, como dijo, no podía más y esa noche iba a suicidarse. O, la visita de un individuo a mi casa, al que no conocía, pero que, después lo supe, era miembro de la unidad secreta de la policía formada para liquidar a los adversarios políticos y a otros que no eran de agrado de sus jefes. Hay tantas cosas que me gustaría olvidar… O dejarlas relegadas a la segunda edición del libro que ya ha salido y que, como la película, empezó con buen pie.

Hemos podido leer ocasiones que, en un conflicto bélico, lo peor llega después de la guerra en forma de ansiedad, depresión, conciencia de todo lo perdido… ya que durante el conflicto todo se reduce a sobrevivir. ¿Está de acuerdo?

No diría que eso es lo peor. Lo peor fue vivir en una Sarajevo asediada y bombardeada durante casi mil días. Alguien dijo que Sarajevo fue un gran campo de concentración. Lo cierto es que, mientras vives en peligro, se dispara la adrenalina e, intentando sobrevivir, arrinconas las demás cosas. No piensas en las pérdidas. Los que teníamos niños pequeños ni siquiera pensábamos en nosotros mismos.

Cuando pasa lo peor, empiezas a valorar, sopesar las cosas, tomas conciencia de tu nueva posición, te das cuenta que has perdido tu identidad y tu vida para siempre, que tienes que empezar de cero… En este sentido, comparo nuestro destino y condición con los de “Ulises” y el “Pequeño príncipe”. Todos nosotros padecemos el conocido ‘Síndrome de Ulises’: con cada día que pasamos lejos de casa perdemos las raíces que nos unían con nuestra ‘Ítaca’; y echar nuevas raíces era y es una tarea difícil, por no decir imposible. Nos identificamos con el “Príncipe” por el deseo y, al mismo tiempo, miedo de volver; miedo a comprobar si nuestro planeta aún existe o si la oveja ya ha se comido la única rosa que dejamos en él.

Se muestra muy crítico sobre el papel de los medios y la cobertura informativa que se hizo. Asegura que “la verdad muere con la guerra. Y, sin verdad, todo está perdido”. ¿Qué es lo que se hizo mal y por qué?

Dije que en la guerra lo primero que muere es la verdad y que, después, las otras muertes tienen el camino llano. Los medios de comunicación, muy pronto y sin remordimientos, se convirtieron en los órganos de propaganda de los ultra-nacionalistas. Ya he dicho que el lema de todos los bandos fue: “La meta justifica los medios”. El papel de los medios de comunicación (primero en Serbia, después en Croacia y, al final, en todas las partes de la ex Yugoslavia) fue preparar la guerra, instalar el miedo, homogeneizar a los pueblos y, después, justificar los crímenes y glorificar

cenario hay radicales en todas los bandos. Los serbios rehabilitan a sus criminales de la Segunda Guerra Mundial (los chetnics), los croatas hacen lo mismo con los suyos (ustashas) mientras entre los ‘bosniacos’ (bosnio-musulmanes) crece la corriente más radical de su religión (la Wahabí). En este ambiente envenenado de nuevo crecen los nacionalismos.

En Herzegovina, por ejemplo, existen escuelas que han separado a los alumnos musulmanes de los católicos. Han hecho dos entradas e, incluso, la pausa del patio la hacen en horas diferentes para que los alumnos no coincidan.

Por suerte, en Sarajevo, todavía existe convivencia pero la herida pervive. De vez en cuando sale algún matrimonio mixto, pero, eso ya es anecdótico. Antes de la guerra, estos matrimonios representaban el 33% de todos los matrimonios.

¿Existe, por lo tanto, riesgo de nuevos brotes de violencia que lleven a enfrentamientos?

Últimamente se habla mucho de “la guerra no acabada”, “la guerra por otros medios”,”la peor situación desde Dayton”, etc. Esto quiere decir que la situación no es ‘sana’. Ahora bien, es difícil decir si esto puede explotar. Los líderes están interesados en mantener el status quo o, incluso, radicalizar la situación. Eso les daría unos años más de vida y les mantendría en el poder.

Hay que decir que la corrupción en el país es alarmante y que muchos de los líderes están ‘relacionados’ con actos criminales.

Ya los nazis consideraban que una mentira repetida 100 veces se convertía en verdad. Por eso se mentía tanto. Lo peor es que algunos medios todavía lo hacen. Por ejemplo, en los medios de Serbia y de Croacia se lleva a cabo una acción para rehabilitar a los dirigentes pro-fascistas de la II Guerra Mundial.

Al comienzo hablaba de Srebreniça. Usted la ha definido alguna vez como “símbolo de la tragedia bosnia”. ¿En qué sentido?

Sarajevo y Srebrenica son los dos símbolos más destacados de la guerra. Sarajevo, por el asedio ‘medieval’ que sufrió: más largo incluso que el famoso asedio de Stalingrado y como prueba que en ‘nuestra’ guerra las principales víctimas fueron civiles. Ya dije una vez que más que una “guerra civil” la contienda fue una “guerra contra los civiles”.

Srebrenica fue escenario de la mayor matanza en Europa después de la Segunda Gran Guerra. Fue la sublimación y la imagen más representativa del carácter y de los verdaderos objetivos de la guerra. El Tribunal de la Haya (TPCY) ya juzgó la matanza como “genocidio”. Los serbios y serbobosnios no están de acuerdo y, todavía hoy, sobre los más de 8000 ejecutados en Srebrenica, se lleva a cabo una vergonzosa lucha propagandística. También, por eso, Srebrenica es el símbolo de la tragedia bosnia. Y, por supuesto, por la vergonzosa actuación de la comunidad internacional.

¿En lo que se refiere a responsabilidades, se han tomado medidas suficientes para la reconciliación?

Al revés. Mientras los serbobosnios hacen pasos firmes, aunque inconstitucionales, hacia la independencia de su entidad, los bosniocroatas hacen lo posible para establecer su entidad independiente y los bosnio-musulmanes (‘bosniacos’) sueñan con unificar el país e imponer su mayoría. La reconciliación es sólo el sueño de los demócratas: los incidentes en los campos de fútbol, la violencia contra los que intentan regresar a sus casas y pueblos, la tensión que en buena medida provocan los mismos políticos para mantenerse en el poder eternamente, los casos de terrorismo y presencia del ISIL en algunas partes de Bosnia, la creciente influencia de Rusia y Turquía en la región y muchos signos más no dejan espacio para la esperanza y el optimismo.

La reconciliación está lejos en los Balcanes. El odio sembrado antes y durante la guerra, todavía hoy, da sus frutos. Aún así, para ser precisos, sí puede decirse que hay reconciliación entre artistas, músicos, deportistas y gente ‘normal’. Pero no sé si esto puede llamarse reconciliación porque ellos, excepto unos cuantos, nunca se pelearon.

¿Así, es imposible hoy encontrar parejas como la suya: usted de apellido serbio, casado con una mujer de origen musulmán?

Ya lo he respondido un poco en la anterior pregunta. En este escenario hay radicales en todas los bandos. Los serbios rehabilitan a sus criminales de la Segunda Guerra Mundial (los chetnics), los croatas hacen lo mismo con los suyos (ustashas) mientras entre los ‘bosniacos’ (bosnio-musulmanes) crece la corriente más radical de su religión (la Wahabí). En este ambiente envenenado de nuevo crecen los nacionalismos.

En Herzegovina, por ejemplo, existen escuelas que han separado a los alumnos musulmanes de los católicos. Han hecho dos entradas e, incluso, la pausa del patio la hacen en horas diferentes para que los alumnos no coincidan.

Por suerte, en Sarajevo, todavía existe convivencia pero la herida pervive. De vez en cuando sale algún matrimonio mixto, pero, eso ya es anecdótico. Antes de la guerra, estos matrimonios representaban el 33% de todos los matrimonios.

¿Existe, por lo tanto, riesgo de nuevos brotes de violencia que lleven a enfrentamientos?

Últimamente se habla mucho de “la guerra no acabada”, “la guerra por otros medios”,”la peor situación desde Dayton”, etc. Esto quiere decir que la situación no es ‘sana’. Ahora bien, es difícil decir si esto puede explotar. Los líderes están interesados en mantener el status quo o, incluso, radicalizar la situación. Eso les daría unos años más de vida y les mantendría en el poder.

Hay que decir que la corrupción en el país es alarmante y que muchos de los líderes están ‘relacionados’ con actos criminales.Algunos están en el punto de mira de la justicia. Los analistas están de acuerdo que esto representa un peligro ya que, para salvarse, los políticos no dudarían en involucrar a los pueblos en un nuevo conflicto. Así, la cuestión es si la gente estará dispuesta a pasar una vez más por la ‘Golgota’ de la guerra, por los intereses que no son suyos.

Los actores políticos occidentales ya no tienen mucho interés en la región. Eslovenia y Croacia, que les interesaron, ya están dentro de la UE. Los demás, esperarán. Bosnia está última en la fila aunque mucho piensan que la entrada en la UE es, probablemente, la única salvación para el país.

Por desgracia (o, por suerte), la crisis internacional (la crisis migratoria, los ataques del ISIL, la confrontación entre Rusia y Turquía, la influencia creciente de estos dos estados en los Balcanes, la aparición de las células de Estado Islámico en Bosnia), han encendido la alarma en Bruselas y Washington. Puede que, finalmente, esto les haga reflexionar y actuar.

Volviendo a su experiencia, el rodaje del documental sirvió, dijo, “para reencontrarse con viejos compañeros y amigos”. ¿Qué le contaron? ¿Y cómo está siendo la vida para ellos?

Antes de rodar la película visitaba Sarajevo pero siempre intentando pasar desapercibido. No podría explicar por qué pero intentaba evitar encontrarme con alguien: ¿por algún tipo de complejo o sentimiento de culpabilidad por no volver? ¿por no descubrir que, hasta los amigos, habían cambiado y se habían alejado ideológicamente? No lo sé pero iba por las aceras pegado a las paredes o me sentaba en los rincones más remotos de las cafeterías para ver y no ser visto.

Con el rodaje de la peli, rompí el complejo. Me encontré con amigos, colegas y antiguos colaboradores y vi su decepción con la vida que llevan, con la política, la corrupción, la falta de perspectiva y con el deseo que, por lo menos, sus hijos y nietos salgan y empiecen su vida lejos de Bosnia. Me llenó de satisfacción verlos pero me entristeció lo que me explicaron.

¿Se ve volviendo a vivir allí?

En Sarajevo, excepto los recuerdos, ya no tengo nada ni a nadie. Unos pocos familiares y amigos no pueden ser suficientes para, otra vez, volver a cambiar de vida y empezar de nuevo. Aquí viven mis hijos, perfectamente integrados en la sociedad catalana. Aquí construimos nuestro hogar; aquí tenemos amigos; e, incluso, los familiares están cerca. Mi hermana mayor, con toda su familia, vive en Girona; y el hijo y el marido de mi hermana fallecida en el Mercado de Sarajevo, están en Sabadell. Además, en Bosnia se dice que “tu patria está allí donde tus hijos están bien”. Esa es mi respuesta sobre dónde acabará mi camino. //


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