“El motivo que justifica la existencia es el bien común, querer a los demás” (ent. Moisès Broggi)

Moisès Broggi, cirujano. Vivió hasta los 103 años. Ganó el Nobel de la Paz y recibió la Cruz de Sant Jordi catalana. Aquí publicamos una entrevista inédita mantenida poco tiempo después de presentar el libro “Reflexiones de un viejo centenario”.


Moisès Broggi fue parte imprescindible de la historia de Catalunya reciente. Nacido en 1908 vivió en primera persona algunos de los grandes acontecimientos del siglo XX como la Guerra Civil española -fue jefe de cirugía de los brigadistas-, el Franquismo, la Transición y las dos Guerras Mundiales. Precisamente por luchar contra la proliferación de armas nucleares recibió, como miembro de un colectivo de médicos, el premio Nobel de la Paz a mediados de los años ochenta. Recibió la Cruz de Sant Jordi y la Medalla de Oro de la Generalitat. También publicó varios libros haciendo gala de un gran espíritu humanista e inquietud intelectual, entre los que se cuenta “Reflexiones de un viejo centenario” sobre el que versa esta entrevista.

Si le parece la entrevista está planteada a partir de una serie de citas que van apareciendo en el libro y que podemos ir comentando. La primera es: “Basada en las armas, la política actual no conduce a la seguridad sinó más bien a la certeza de la destrucción recíproca”.

Con esto quiero decir que en el mundo hoy en día hay muchas desigualdades entre unos que se los pasan muy bien y muchos otros que lo pasan francamente mal. Y esto crea una pugna, un odio que puede acabar en una guerra.

¿Cree, asimismo, que las armas siguen teniendo un papel muy importante en el mundo y que, por lo tanto, la diplomacia es secundaria?

Mire, en toda la historia de la Humanidad, los conflictos siempre han acabado en las armas. Ahora, incluso, a partir de la experiencia de siglos pasados y con el desarrollo de las armas, la situación actual da miedo. Lo único que hace de freno es el miedo a una guerra nuclear.

¿No cree que con la creación de organismos internacionales como las Naciones Unidas existe hoy una mayor volunta de diálogo entre todos?

Claro, ésta es la salida que tenemos porque si no iríamos a la autodestrucción de la Humanidad, hacia nuestro suicidio colectivo.

¿Entre guerra y diplomacia, cuál cree que hoy tiene preponderancia?

Instintivamente tendemos  a la guerra pero objetivamente tenemos que ir hacia la paz. La experiencia de las guerras del siglo XX (Primera y Segunda Guerras Mundial, Guerra Civil española, etc.) nos enseñaron qué camino hay que seguir. El miedo fuerza a apostar por la vía de la paz, a buscarla como sea.

En esta misma línea dice en el libro: “La amenaza es tan grandes, el reto con el que se enfrenta la Humanidad es tan grave, que hay que reivindicar luchar por las utopias”.

La utopia es la formación de un gobierno global. Las Naciones Unidas son una primera fase.

Vamos en esa dirección?

Estamos forzados a ello, es la única salida que tenemos: contar con un gobierno global que pueda regular las injusticias que actualmente hay en el mundo y poder hacer frente de este modo a amenazas como las que sufrimos, por ejemplo, contra la Naturaleza con problemas que afectan a todas partes. Hay que ir hacia un estado total, global. Y esto es muy difícil porque es la única salida que tenemos. De todos modos, creo que nos movemos en esta línea. En Europa ya se está intentando y se ve que será difícil. En este proceso hay que ceder libertades e independencia a las regiones dentro de multi-estados como en el caso de Catalunya en España. Europa ya se está desmembrando.

Apunta que “el federalismo ha demostrado ser el experimento político de más éxito de convivencia”.

Claro, porque los problemas locales se resuelven a nivel local. En Europa ya se hizo. Antes había tres o cuatro grandes imperios (Rusia, imperio Austro-húngaro, Otomano, Francia, Inglaterra, etc.). Inglaterra fue el imperio más importante del mundo y se desmembró. El éxito de Estados Unidos reside en un sistema que da mucha autonomía a cada uno de sus estados. Hay que tender a pequeños estados que se autogobiernen según sus costumbres, leyes propias, etc. Y que convivan con los demás libremente pero de tú a tú. Y después, por encima, un gobierno global que controle las cosas que afectan a todo el mundo como las desigualdades económicas, los ataques contra la Naturaleza, etc. Es la única salida que se ve.

Hablando de política, asegura en el libro que nos “falta cultura democrática”. Eso explicaría que políticos corruptos vuelvan a ser reelegidos?

Sí. En la biblioteca de Boston, la primera vez que fui, había esculpidas en piedra unas palabras: “El orden y la libertad sólo son compatibles con la cultura”. Es decir, sin orden no hay libertad. Y esto se demostró aquí con la Guerra Civil, cuando la pérdida del orden llevó al desastre.

En el ámbito de la educación, dice: “Hay que buscar referentes para una educación laica, mostrar vidas que sirvan de referente”.

Exacto. La religión, a nivel educativo, ha hecho mucho pero ahora, en la educación actual laica los referentes tienen que ser los maestros porque cuando se producen golpes de estado, como el de Primo de Rivera, la educación adquiere un papel fundamental.

Yendo hacia otro tema, muy importante en el libro, señala: “ El afán de dinero, la codícia, es una de las principales fuentes de infelicidad y de desgracia”.

Sí, porque crean la necesidad de un consumismo cada vez mayor y que está arruinando la Tierra. Todo el mundo quiere tener coche y cada vez más cosas; y esto es imposible

Cree que, en general, somos infelices?

No, creo que no pero hemos de vigilar con la codicia, con el afán por acumular cosas y con el miedo a perderlas. También con el odio y la envidia a quien tiene más. El consumismo es insostenible. Imagínese el día que cada ciudadano chino tenga un coche. Esto no tiene límite. Tenemos que aprender a conformarnos sólo con vivir.

Dentro de este apartado cita al francés François Rabelais, que dice: “La ciencia sin conciencia es la ruina del alma”.

Quiere decir que el desarrollo de la ciencia, de la técnica, sin conciencia, de forma egoísta, no tiene futuro. Las mejoras tienen que aplicarse para el bien común y no de uno mismo.

¿Hoy qué somos: más generosos o más egoístas?

Yo digo lo que debería ser, no lo que es. Después de la Segunda Guerra Mundial surgieron dos opciones: los totalitarismos por un lado y la sociedad de consumo por otro. Se acabó imponiendo esta segunda que está arruinando el mundo. Los totalitarismos, sobre todo en el caso de Rusia, ya se vio que fue un desastre. En el plano teórico era bueno pero no en su aplicación práctica. La gente pensaba que al suprimir la propiedad privada las cosas serían de todos pero no fue así. La propiedad pasó a manos de unos burócratas, funcionarios, y fue pero. Los que mandan deben ser concientes que lo hacen por el bien de todos y no por el suyo propio.

En una dimensión todavía más profunda de la persona, afirma: “El hombre de hoy, con todos sus bienes materiales, no encuentra motivos que justifiquen la existencia”.

Cuando uno se hace mayor, se da cuenta de estas cosas. Se da cuenta que no somos nada, que todo es efímero. El motivo que justifica la existencia es el bien común, querer a los demás”

“Los científicos reconocen que la materia no explica todos los fenómenos de la vida”.

 Exacto. Todas las cosas pasan de forma independiente de la materia. Y esto se ve muy bien en la biología, en el cuerpo humano y la evolución de la vida. Nosotros tenemos una vida que no depende de nosotros. Es decir, hay una fuerza que la dirige. Nosotros no somos el mismo que hace veinte años. Esta transformación obedece una fuerza desconocida que no depende de nuestra voluntad.

¿Y cómo podríamos llamar a esta fuerza?

El espíritu universal. Esto ya lo decían los antiguos en la India cuando hablaban de un espíritu universal que lo dirige todo. Que dirige el movimiento exacto de la Luna, de la Tierra… Y está por encima de la Física, la Química… Es un misterio.

¿Cree que existe el destino?

Sí, sí. Creo que tenemos un destino dirigido por una fuerza superior. Todo lo que nace tiene que morir. Y tiene que hacerlo siguiendo un cierto orden y unas etapas: la sexualidad, los hijos, las angustias… Estamos sujetos a esta fuerza. En psicología se está descubriendo nuestra gran complejidad. De jóvenes pensamos que somos nuestro cuerpo pero en realidad hay tres niveles en la persona: uno físico (yo soy mi cuerpo, lo que se toca), uno mental (conformado por el sistema nervioso, que en parte es material y en parte es espiritual: ya que por un lado está el cerebro, los nervios, los sentidos… que se pueden estudiar pero por otro están los pensamientos, los sentimientos, el lenguaje, la sensación del ‘yo’… y esto no es material sino espiritual). El tercer nivel es, precisamente este último, el espiritual.

La sensación del ‘yo’ primero se identifica con el cuerpo, con los músculos, para progresivamente ir desapareciendo y mezclándose con el mental hasta llegar al tercer nivel, el espiritual, en el que el ‘yo’ se funde con el espíritu universal. Y esto es inmortal. Hay una cita oriental muy interesante al respecto: “La fuerza que mueve los astros es la misma que mueve el corazón del hombre”. Esta fuerza, en las religiones monoteístas, es la idea de Dios, que no es un hombre de barba blanca.

Asimismo, sigue: “Así como el joven y el hombre mayor son corporalmente diferentes, también lo son mentalmente”. ¿Cuáles son estas grandes diferencias?

El joven vive unido al cuerpo material: a sus deseos, placeres, sexualidad, etc. También a las angustias, el miedo de perder las cosas que tiene…. mientras que la persona mayor no tiene futuro, no piensa en el mañana sino el pasado. Cree que aquello que consideraba principios superiores no son nada y piensa que debe haber algo más. Así, asume la muerte con tranquilidad.

Y entre uno y otro se encuentra el hombre maduro.

Sí, pero éste sigue todavía muy atado al cuerpo material.

En el libro también reflexiona sobre la muerte, el miedo que genera. y que si fuéramos más concientes, nos ayudaría a relativizarlo todo mucho más.

Sí, claro. A todo el mundo le llega, más tarde o más temprano. En la vida dominan generalmente los miedos y las angustias por encima de los placeres. También los poderosos, que parece que lo tienen todo y que por eso tienen que ser felices, llega un día que lo pierden o sencillamente se mueren.

Cree, en cualquier caso, que somos concientes de la muerte?

Pienso que no. El joven en general no tiene miedo ni piensa sobre ella. Seguramente si pensáramos más sobre la muerte, habría más misticismo y amor hacia los demás. Sobre esto hay un poema de Tagore que se titula “El hombre que quería ser un ermitaño”. El poema explica el caso de un hombre que vive en su casa con su mujer y su hijo pequeño y que quiere ser ermitaño. Éste le recrimina a su familia: “¡Quién sois vosotros que me habéis entretenido tanto tiempo para irme a reunir con Dios y convertirme en ermitaño!”, mientras empaqueta para irse. Entonces se escucha una voz que dice: “Éstos son Dios”, pero él no la oye y se va. Poco después vuelve a escucharse la misma voz que afirma: “¿Cómo quiere este hombre unirse a mí si me está abandonando?”

Es la idea de Dios como amor al otro.

Sí. Y del panteísmo: que todo es Dios. //

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